“O” último de la trilogía de las tres letras El círculo pintado con tinta, es un símbolo espiritual de muy profundo significado. Es una representación de nuestro verdadero ser. Representa los ciclos, las repeticiones, el eterno retorno, la búsqueda del centro, el ciclo infinito de la vida y el universo. El círculo es pintado en una forma que no es perfecta desde la perspectiva matemática. El círculo es creado por la mano humana y por tanto es perfecto tal como es. Realizado por el estado mental del pintor, se puede pintar un poderoso y bien balanceado circulo sólo si la mente está clara y libre de pensamientos e intenciones. Es el verdadero momento del vacío dentro de la totalidad. Es el reflejo del estado de armonía interna. Su vacío contiene la totalidad absoluta, la simplicidad, la plenitud, lo infinito, la perfección. Según la tradición Zen, es la representación de nuestro verdadero Yo, de nuestro real Ser. El Yo es un circulo pintado en el vacío de la no-mente. Es la imagen del cielo y la tierra, del diario ir y venir, de las estaciones, de la vida. Pintado con un rápido trazo, seguro pero humilde, grueso pero lleno de bondad. Es tan perfecto que tiene el poder de liberar y transformar al que lo contempla con claridad. Y la sensación que produce es indescriptible. Por eso se le conoce como círculo de la iluminación. Solamente el lenguaje poético se puede aproximar a la profunda e inexpresable verdad contenida en el circulo pintado de esta manera. Meditar sobre estos conceptos y el momento actual de mi vivir te hace consciente y facilita la claridad de acción.

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